
Un día cualquiera de 1435 en el estudio de Van der Weyden.
Sin ganas, un día en los que, a pesar de la fama y el dinero, hubiese preferido quedarme en la cama. Un día, que podemos decir que fue martes, pero podía haber sido jueves. Ese día en que la luna ni siquiera tiene poder de seducción, se les ocurrió venir. Un calvo con barba y pose altanera quería hacer un encargo.
–El gremio de ballesteros me ha encargado que te diga que queremos un cuadro para una capilla, no uno cualquiera, te pagaremos bien.
La reunión dura toda la tarde, pero su insustancial conversación se la podían haber ahorrado.
Y sí, lo acepté, no por dinero, no lo necesitaba.
Haría retorcerse en dolor y soledad a quién lo viera. Encerrados en una caja, sin paisajes ni edificios, solo lágrimas y más lágrimas, que nadie pueda decir que existe la Esperanza.
Rodeas entre tus brazos un cuerpo inerte,
CARTA DE FELIPE II A SUS HIJAS.
«muy grandes vallesteras creo que deveis estar entrambas pues tambien matastes los gamos y tantos conejos. Y decisme vos la mayor que vuestro hermano cobró mucha fama (y creo lo decis por vuestra hermana y es asi segun lo que decis adelante sino que por la a pusiste la o y otra palabra se os olvidó), creo que devistes escribir la carta á priesa»
Un día de 1582 desde Lisboa.
La primera vez que lo vi en Binche, sabía que me acompañaría el resto de mi vida, espero ansioso volver junto a él y poder llorar en soledad.
¡Quién pudiera haber sido hijo de tabernero, burgués o pintor!, cualquier cosa antes que de un Emperador. Entretengo mis días escribiendo cartas, órdenes y decretos, creen que tengo manía en controlar todo. No es más que el horror a enfrentarme a mi destino, escribiendo me engaño a mí mismo haciéndome creer que lo decido yo.
Ojalá tuviera la posibilidad de escribir deprisa y poderme confundir. En la soledad del imperio solo me acompañan mis hijas.
Septiembre de 1936, Josep Renau.
Traslado de las obras del museo del prado a Valencia.
Daros prisa, el tiempo se esconde como ratas entre cadáveres.
Se acaba el tiempo, acelerad, acelerad.
Acariciad los lienzos como si fueran pechos de mujer.
Hacerlo en silencio, que Tiziano no se entere que envolvéis su obra en polvo, a las Meninas cantarles una nana.
Que Goya crea que los fusilamientos de fuera no son los suyos, engañarle.
No miréis a los ojos a Durero, sospecha algo.
Y al Descendimiento taparlo pronto, que no os de tiempo a verlo, no os contagiéis de su tristeza.
GAZA.

Rodeas entre tus brazos un cuerpo inerte,
tus lágrimas empapan el pañuelo.
El silencio absoluto deja escuchar el horror.
Apéndice:
Cartas de Felipe II a sus hijas:
Viaje a Valencia y a Ginebra.
Fotografías de Mohammed Salem. La colocada en el documento es la premiada por el Word press photo 2024.
https://widerimage.reuters.com/photographer/mohammed-salem